El Trastorno del
Espectro Autista (TEA) ha
sido tradicionalmente uno de los focos principales de controversia por la
dificultad que supone saber encuadrarla en la clasificación de las
psicopatologías de forma clara y permanente.
Además,
con la publicación del Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) en el año 2013, se ha visto modificada
la taxonomía de esta psicopatología respecto de la versión anterior DSM-IV TR.
En concreto, se ha pasado de incluirla junto con otras etiquetas diagnósticas
dentro de los Trastornos Generalizados de Desarrollo a establecerse todas ellas
bajo la denominación de TEA indistintamente. Aún así, sí se han propuesto
distintos niveles de afectación (I-IV) a especificarse en el diagnóstico
realizado.
Trastornos del Espectro Autista:
¿cómo diagnosticarlos?
La detección temprana del autismo es compleja, ya que
en la mayoría de los casos son los padres quienes dan las primeras señales de
alerta. Autores como Wing (1980), Volkmar (1985), Gillberg (1990) y Frith
(1993), afirman que los síntomas del autismo aparecen antes de los tres años
pero añaden que es difícil detectarlos durante el primer año de vida.
Aún existe cierta dificultad y desconocimiento
respecto de la información que se posee en el servicio de atención primaria que
permita una detección temprana. Tal y como indica uno de los estudios
realizados en EEUU (English y Essex, 2001), se encontró que los primeros en
sospechar la presencia de manifestaciones que podían indicar un funcionamiento
autístico fue la familia (60%), seguidos a mucha distancia de los pediatras
(10%) y los servicios educativos (7%). Además son múltiples las
manifestaciones en forma e intensidad en las que aparece dicho trastorno en las
primeras edades. Aun con todas estas dificultades la detección temprana puede
darse en torno a los 18 meses de edad o incluso antes.
Tests y herramientas para la
detección de los TEA
En la actualidad, no hay un test o prueba médica que
por sí misma indique si una persona presenta TEA. El diagnóstico los Trastornos
del Espectro Autista debe incluir la observación complementaria de la conducta
de la persona, conociendo su historia del desarrollo y aplicando una batería de
pruebas médicas y psicológicas para detectar la manifestación de los signos y
síntomas del autismo.
Algunas de las pruebas que se utilizan para la
detección temprana del Autismo son el CHAT de Baron-Cohen (1992), el M-CHAT de
Robins, Fein, Barton y Green (2001), el IDEA de Rivière y Martos (1997) y el
IDTA-18 de F.J Mendizábal (1993). La edad de aplicación de estas pruebas
comprendería entre los 18 y 36 meses.
Además de las pruebas señaladas anteriormente, resulta
fundamental recabar información de las conductas del niño en compañía de
diferentes personas y en diversos contextos integrando las diversas fuentes de
datos de manera comprensiva y clarificando las posibles discrepancias. La
detección lo más temprana posible de cualquier alteración en el desarrollo
infantil, posibilita el establecimiento de un programa de intervención temprana
capaz de promover al máximo las capacidades de desarrollo personal y social del
niño y la adecuada orientación de sus familiares. Para ello es conveniente
basarse en las siguientes fuentes posibles de información:
- Test-escalas en sesiones clínicas.
- Entrevistas e información tanto de profesores como de padres.
- Observación en situaciones naturales (casa, escuela) y/o observaciones
estructuradas de la interacción con padres y evaluados.
Síntomas y criterios para
detectar el autismo
Para llevar a cabo una apropiada evaluación a partir
de los tres años de edad se debe tener en cuenta las áreas de evaluación
que se describen a continuación, junto con las pruebas que se emplean para la
evaluación del desarrollo infantil (tanto en población clínica como en el
resto).
Valores extremos en las escalas de medición, tanto por
defecto como por exceso dependiendo de la prueba, pueden ser muy útiles para
complementar el diagnóstico del autismo o TEA.
1. Evaluación social
Consiste en recopilar información sobre el
interés social, la cantidad y calidad de iniciativas sociales, el contacto
ocular, atención conjunta, imitación corporal, vocal y motora, apego, expresión
y reconocimiento de emociones. Para ello se utilizan Entrevistas estructuradas
a padres como ADI-R de M. Rutter, A. Le Couteur y C. Lord (1994);
Observación estructurada en el contexto clínico tanto
de las interacciones planificadas (CARS de DiLalla y Rogers, 1994) como de las
no planificadas con el padre y con la madre; videos cedidos por la familia e
instrumentos clínicos diversos (Test Normativos como el Vinelandde Sparrow,
Balla y Cicchetti (1984), Test Criteriales como el Uzgiris-Hunt, revisado por
Dunts (1980) o Inventarios del desarrollo como el Battelle, adaptación española
de De la Cruz y González (1996).
Algunos síntomas que se
pueden detectar
- Carencia en la expresión de emociones.
- Aislamiento con sus pares.
2. Evaluación comunicativa
Se recoge información sobre intencionalidad,
herramientas comunicativas, funciones, contenidos, contextos y comprensión. Se
utilizan Entrevistas estructuradas (ADI-R 1994), Observaciones estructuradas
(ACACIA de Tamarit 1994, PL-ADOS de DiLavore, Lord & Rutter 1995), videos
familiares e instrumentos clínicos diversos (como la Escala de Desarrollo del
Lenguaje de Reynell de Edwards, Fletcher, Garman, Hughes, Letts y Sinka 1997; y
el ITPAde Samuel A. Kirk, James J. McCarthy, Winifred D. Kirk, edición revisada
en 2004, Madrid: TEA), entre otros.
Algunos síntomas que se
pueden detectar
- Interpretación literal de las oraciones.
- Retraso en la aparición de la comunicación verbal.
3. Juego
Se recoge información sobre la exploración, el juego
funcional, el juego simbólico, role-playing y el juego cooperativo. Se utilizan
Entrevistas Estructuradas (ADI-R 1994), Observaciones Semi-estructuradas (juego
libre), videos familiares e instrumentos clínicos diversos (Test del Juego
Simbólico de Lowe&Costello 1988).
Algunos síntomas que se pueden
detectar
- Dificultades a la hora de entender la naturaleza del roleplaying.
- Rechazo del juego social.
4. Evaluación cognitiva
Se recoge información para hacer una valoración del
nivel sensoriomotriz, del nivel de desarrollo, evaluación de preferencias estimulares
y sensoriales, del estilo y potencial de aprendizaje, de habilidades ejecutivas
y metacognitivas y de habilidades académicas.
Se pueden utilizar las siguientes escalas: Escala
Internacional de Ejecución de Leiter, adaptada por Arthur en 1980, las Escalas
de Inteligencia de Weschler (WPPSI-III 2009 y WISC-V 2015), las Escalas Bayley
de desarrollo Infantil de Bayley 1993, la Escala de Desarrollo Infantil de
Uzgiris-Hunt, revisada por Dunts en 1980 y el PEP-R (Perfil Psicoeducacional)
de Mesibov, Schopler y Caison 1989.
Algunos síntomas que se pueden
detectar
- Aparición de una habilidad cognitiva inusualmente desarrolladas.
- Dificultades cognitivas generales.
5. Evaluación motora
Medición de la motricidad fina y gruesa mediante
la observación, información y aplicación de la Escala Brunet Lezine de O.
Brunet y L. Lezine 1951 y /o el PEP-R de Mesibov, Schopler y Caison 1989.
Algunos síntomas que se pueden
detectar
- Alteraciones en la marcha y la postura.
- Alteraciones en la anticipación motora.
6. Evaluación familiar-ambiental
Conocimiento mediante la entrevista familiar del
impacto del diagnóstico, sus recursos para superarlo y establecer vías
adecuadas de colaboración en la intervención, la interacción familiares-niño y
la estructura del entorno doméstico.
7. Evaluación médica
Utilización de pruebas neurológicas y de neuroimagen (Electroencefalograma
EEG, Tomografía Axial Computerizada TAC, Tomografía por Emisión de Fotón Único
SPECT, Resonancia Magnética RM, análisis de sangre y orina, potenciales
evocados). Debe darse una ausencia de lesiones localizadas que puedan explicar
los síntomas.
8. Evaluación de autonomía personal
Fundamentalmente mediante entrevistas y aplicación de
cuestionarios a los padres sobrealimentación, control de esfínteres, vestido y
aseo. Una de las escalas más utilizadas es la Escala Lawton y Brody, traducida
al español en 1993.
9. Evaluación de problemas de
conducta
Valoración de la presencia o ausencia de problemas
conductuales (conductas disruptivas, agresiones, autolesiones,
estereotipias, pica, regurgitación, fobias…) su intensidad y su frecuencia
mediante cuestionarios o entrevistas estructuradas como el ADI-R 1994, o el
ICAP (Inventario de planificación de servicios y programación individual)
adaptación española por la Universidad de Deusto, Bilbao en 1993.
10. Evaluación de preferencias
Conocimiento de los objetos, juguetes, estímulos,
modalidades sensoriales, actividades, alimentos, etc. preferidos de cara a
utilizarlos como refuerzos o motivadores de otras actividades u objetivos
relevantes de comunicación.
A modo de conclusión
Como hemos visto, el diagnóstico de
autismo debe realizarse sobre la base de una evaluación clínica completa, y
debe de basarse estrictamente en los criterios consensuados internacionalmente,
por tres objetivos principales:
- Asegurar el acceso a los servicios apropiados de apoyo e
intervención adecuados a la particularidad del caso.
- Para que las investigaciones científicas puedan ser comparables, tanto
en sus aspectos clínicos como especialmente en la valoración de la
eficacia de los diferentes servicios y tratamientos propuestos.
- Garantizar una educación adecuada a las necesidades particulares del
caso del niño en cuestión, dado que los procedimientos diagnósticos poco
rigurosos podrían provocar la exclusión de niños y niñas con autismo de
servicios especiales previstos para ellos, así como propiciar la inclusión
de personas que presentan otras casuísticas psicológicas.
Referencias bibliográficas:
- Asociación Internacional Autismo-Europa (2000): Descripción del
autismo.
- Jané, M. C. y Doménech-Llaberi, E.(1998): El autismo infantil. En
González Barrón, R. (coord.) . Psicopatología del niño y del adolescente.
Madrid: Pirámide, pp. 295-318.
- Martos-Pérez, J. Revista Neurol; 42 (Supl 2) S99-S101 (2006): Autismo,
neurodesarrollo y detección temprana.
- Mendizábal, F. J. (1993): Un intento de
aproximación al tema de la detección temprana en autismo. Actas del VII
Congreso de Autismo. Editorial Amarú.
- Pedreira, M. J. (2003): Evaluación, diagnóstico, neurobiología y
tratamiento del autismo. Madrid: Edición Laertes.
- Rivière, A. El autismo y los trastornos
generalizados del desarrollo. En A. Marchesi, C. Coll y J. Palacios Eds.
(1999): Desarrollo Psicológico y Educación III. Madrid: Alianza
Psicología, pp. 329-360.
Fuente: https://psicologiaymente.net/clinica/trastornos-espectro-autista-sintomas-diagnostico#!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Le agradezco su comentario gracias